CASCADAS SELJANDSFOSS Y SKÓGAFOSS Y PLAYAS DRYHÓLAEY Y REYNISFJARA

Tras el Círculo Dorado, viene lo mejor.

Nuestro primer día en Islandia lo acabamos visitando una de las cascadas más espectaculares de la isla: la cascada de Seljandsfoss.
Seljandsfoss

Quizá esta no sea la cascada más espectacular en cuanto a dimensiones o caudal de agua, pero podemos aseguraros que tiene un encanto especial que le otorga una belleza única. 



Cascada Seljandsfoss

Su entorno verde, sus reflejos de luz que generan arcoíris y su romanticismo hacen de Seljandsfoss una de nuestras cascadas favoritas. 



Arcoíris Seljandsfoss




Con una caída de 60 metros, Seljandsfoss tiene la singular particularidad que puede rodearse caminando. Hay un caminito con escaleras que te acerca a su interior a mano derecha, pero hay que ir con mucho cuidado a no resbalarse ya que el suelo está de lo más resbaladizo. 



Interior cascada Seljandsfoss


Cuando os encontréis justo debajo de la cascada experimentaréis una sensación única. Os sentiréis pequeñitos e insignificantes ante una demostración de la naturaleza tan colosal.

Después de visitar Seljandsfoss decidimos poner rumbo a la siguiente cascada en nuestra ruta: Skógafoss. 



Skógafoss

Cascada Skógafoss

Al aparcar la furgoneta el cansancio, después de un día tan intenso, empezó a hacernos mella, de modo que decidimos que este era el lugar perfecto para pasar la noche. 


Hacer noche en Skógafoss


Nuestro segundo día empezó bien prontito contemplando la cascada de Skógafoss. Podéis admirarlas desde abajo, y también desde arriba a través de un mirador que se accede subiendo unas escaleras de madera y piedra. 



Subiendo a Skógafoss


Skógafoss destaca por la espectacularidad de su impoluta y blanca cortina de agua que cae desde los 60 metros y el ancho de corriente de 25 metros.

Cuenta la leyenda que el primer colono vikingo en la zona, Þrasi Þórólfsson, escondió un tesoro en una caverna situada detrás de Skógafoss. Años después, un joven islandés encontró el cofre, pero nada más se supo de él. Se piensa que cayó al vacío y murió.


Tras este espectacular paraje en el que ya comienzan a escasear los turistas, nos acercamos a visitar el acantilado Dyrhólaey, reconocible por su saliente de roca de 120 metros de longitud y con dos arcos. Aquí se encuentran varias de las playas de arena negra más fotografías de la isla.


Dyrhólaey

En este enclave se encuentra una de las colonias de frailecillos (puffins en inglés) más importantes de Islandia. Y esta fue nuestro primer contacto con esta ave tan bonita y entrañable de color negro blanco y naranja que se ha convertido en un símbolo de Islandia.



puffins

Playa Dyrhólaeyjarviti

El frailecillo atlántico (Fratercula arctica) es un ave nativa del océano Atlántico; criada en Islandia, Noruega, Groenlandia, Terranova y muchas islas del norte del Atlántico. Según la lista roja de la UICN se encuentra en estado vulnerable, por ello nos negamos en rotundo a comer puffins en cualquier restaurante de la isla.



A continuación, recorrimos un camino de tierra que nos llevó al faro – Dyrhólaeyjarviti en lo alto de la colina. Nosotros tuvimos la mala suerte de encontrarnos el faro rodeado de niebla, por lo que las prometidas vistas espectaculares que se obtienen desde aquí arriba nos las perdimos. No obstante, el lugar tenía su encanto. 


Faro Dyrhólaeyjarviti

Subiendo a Dyrhólaeyjarviti

Importante comentar que en el recorrido de ascenso al faro nos encontramos con una bandada de aves pequeñas de color blanco. Veréis señales de alerta a los lados de la pista. ¡Y con razón! Son aves carroñeras que se os acercaran intentando picotearos. Así que ir con mucho cuidado, porque están acostumbradas a la gente y no se intimidan fácilmente.

Tras sobrevivir al ataque de los pájaros asesinos, nos dirigimos hacia el este donde se encuentra la extensa y famosa playa de arena negra Reynisfjara, considerada por el American Journal Islands (Islands Magazine) una de las playas más hermosas del planeta. 



Playa de Reynisfjara

Columnas de basalto

Reynisfjara

Os llamará especialmente la atención el color de la arena volcánica, así como las columnas de basalto negro que conforman formas caprichosas. En este mismo acantilado se localiza la cueva Hálsanefshellir. 


¡Próximo destino: Vik!



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Acerca del autor

Sílvia: apasionada de la literatura y el arte (¡y coleccionista de zapatos!), y una de mis cualidades es la escritura, que en dosmaletas se ve reflejada en cada uno de los post.
Rubén: entusiasta de la fotografía y las nuevas tecnologías por lo que mi cámara reflex siempre me acompaña para capturar instantes y dar vida a las entradas de Sílvia. Coleccionista de gorras militares.